17.10.11

CATEGORÍAS, TAXONOMÍAS, ONTOLOGÍAS Y OTRAS COSAS DEL SABER...

... que tienden a terminar en "ías".

Al elaborar una tesis doctoral a caballo entre la comunicación (las ciencias sociales) y el arte (las ciencias humanas), partiendo de la premisa de que me cuesta denominar ciencias a todo lo que sea evaluable científicamente, me encuentro en la tesitura de tener que justificar mi selección de obras artísticas para analizar, no ya como muestra representativa científicamente hablando, pero sí de algún modo ofrecer formas de sistematización que expliquen por qué he seleccionado unas obras y no otras.

Los criterios de relevancia iniciales son que las obras escogidas están albergadas en colecciones, exposiciones virtuales o bases de datos de obras (es decir, poseen legitimidad institucional), y dentro de las que hay las elegidas responden, mediante palabras clave que (en muchos casos pero no en todos) las clasifica, a los temas que centran mi investigación: la narrativa entendida como combinación de relato y estructura secuencial, articulada como imagen en movimiento (temporal y espacialmente) pero de una forma alternativa a la convención aristotélica (esto es, no lineal y en ocasiones incluso multineal). Así, suelen entrar en mi espectro obras a las que se adjudican términos como "audiovisual", "cinema", "vídeo", pero también "lenguaje" o "Borges", por irme a dos extremos de generalización.

Estas palabras clave, por su ambigüedad y extensión, no bastan para desbrozar y definir con claridad meridiana qué obras entran en el saco y cuáles no. Para empezar, es verdad, una serie de expertos, comisarios, conservadores, investigadores de museos o centros de arte hicieron una selección para la web, que ha ido complementándose cada vez más con las aportaciones de artistas y de usuarios interesados en el arte digital (véase el ejemplo de Rhizome Artbase).

Pero una vez tienes un conjunto de obras, la selección derivada de mi definición amplia de narrativa digital (que no veo manera de cambiar, pues tanto es narrativa digital un hipertexto como un vídeo digital o algún que otro videojuego), resulta complicada. Hace unos años solía trabajar con tres obras que, a mi entender, representaban, entre otros, los tres vérticles de un posible "triángulo genérico":

- The intruder, un juego basado en el relato homónimo de Borges y en los videojuegos tipo Arcade.

- L'attente, una narración audiovisual basado en el flujo de datos de Internet.

- Y Lluvia sobre el mar, una de las creaciones de Young-Hae Chan Heavy Industries donde el texto lanzado en Flash a ritmo de jazz genera algo más que una narración literaria, pese a la ausencia de imágenes.

Pese a que sigo considerando las tres obras citadas fundamentales para analizar lo transcurrido en el arte digital narrativo entre finales de la década de 1990 y los primeros años de este siglo (esto es, prácticamente hasta el predominio de Youtube), me encuentro sin ir más lejos que The intruder acaba de descolgarse de Internet porque el software necesario para ejecutarla ya no funciona. Este fenómeno me ha sucedido anteriormente y aparte de llamarse paso del tiempo y obsolescencia en mi cabeza se llama también grave problema.

Otra cuestión es si una muestra triple como la planteada sería suficiente. Seguramente no. Si las obras multimedia son híbridas, si algunas quedan obsoletas, ¿por qué quedarse con tres? ¿Por qué no diseñar una lista de obras, justificada, que sistematice los principales rasgos de la narrativa digital?

Y ahí es donde entran mis últimas averiguaciones sobre las palabras terminadas en "ías".
 
Según el artículo Tesauros y ontologías en sistemas de información documental (Lluís Codina y Rafael Pedraza), recientemente publicado en la revista El Profesional de la Información (una de las pocas revistas ISI con las que contamos quienes no trabajamos en ciencias-ciencias), al uso de la palabra "clasificación" para hablar de un "conjunto de términos organizados en forma jerárquica, sin necesidad de incluir relaciones explícitas o formales" en Documentación se contrapone con cierta imprecisión el término "taxonomía" para hablar de "un tipo de clasificación" , "como lenguaje controlado en general" (ambos en la pág. 3). El término "taxonomía" aparece cada vez más en exposiciones artísticas y parece que debería ser la clasificación "con pretensiones" que me ayudara a desbrozar mis obras preferentes.

Pero existen otros tantos términos prestados de la Documentación que ocupan el interés de los que nos dedicamos a justificar nuestra investigación. El tercer término presentado es  "tesauro", en otras palabras "conjunto de términos preferidos (descriptores) y no preferidos (sinónimos) utilizados para representar un campo del conocimiento y generalmente para representar el contenido de los documentos de una base de datos o sistema de información. Debe conteneral menos las siguientes relaciones entre términos: equivalencia, jerarquía y asociación. Existen normas nacionales (UNE) e internacionales (NISO) que definen sin ambigüedad la estructura de un tesauro, y para merecer ese nombre un lenguaje documental debería ajustarse a ellas" (también en la pág, 3). 

Esta definición es en parte muy interesante y en parte un señor quebradero de cabeza. Por un lado "conjunto  de descriptores y sinónimos para representar un campo de conocimiento". Estupendo: elaboro una clasificación cuyos elementos puedan establecer relaciones entre ellos: por ejemplo, cuando veo la etiqueta "cinema" y la etiqueta "film", puedo imaginarme que operan como términos sinónimos, que seguramente encontraré las mismas obras bajo estas dos etiquetas. 

Quiero morder el contenido de una base de datos o sistema de información donde hay obras artísticas, así que sólo le robaré un pedazo y trataré de establecer diversos tipos de relaciones entre los términos (siendo probablemente las asociativas, dada la ambigüedad y extensión de los términos señalados, la más difícil de entresacar), pero, ¿qué normas voy a seguir? ¿Me remito de nuevo a la legitmidad institucional que ampara las plataformas que divulgan esas obras? ¿Entrevisto a expertos para que corroboren o critiquen la idoneidad de las obras que he elegido? ¿Cómo elijo a esos expertos?

Estas tribulaciones, probablemente innecesarias para alguien que en realidad NO elabora una tesis de Documentación y debería aprovechar el tiempo con otras preocupaciones intelectuales más acuciantes como la clausura definitiva de su Marco Teórico (por lo menos ya en marcha), ha despertado no obstante un creciente interés por mi parte por las denominadas "ontologías".

En filosofía, la ontología es una parte de la metafísica que estudia lo que hay, lo que existe (Dios, sin ir más lejos), y las relaciones que establecen los elementos existentes. En informática, la ontología es la formulación de esquemas conceptuales en uno o varios dominios dados, esto es, la translación de las operaciones mentales realizadas por personas a las máquinas (a las que se inyecta, por decirlo de alguna manera, la simulación de la capacidad pensante).

Los autores del artículo que cito son expertos en web semántica, por lo que su designación de la ontología abarca necesariamente la representación del conocimiento: los humanos elaboramos clasificaciones, a veces taxonomías, y a menudo tesauros, sobre todo si somos documentalistas. Pero esta información ha de sistematizarse y combinarse con la programación informática pura y dura para generar tales ontologías. Aquí es donde los autores advierten que muchas veces se habla de ontologías cuando se quiere decir clasifiaciones: le has dado datos al ordenador y hace lo que puede con ellos, pero no genera inferencias basadas en instrucciones informáticas.

Esto es malo para la ingeniería informática y los documentalistas que sí saben programar y bueno para mí, que no sé programar pero que he tenido la ocasión de conocer algunos de esos "vocabularios controlados" que se pretenden ontologías pero parecen más fieles a la descripción filosófica con ínfulas de jugar a Dios que al rigor de los algoritmos interpretables. Para muestra dos botones, OWL Time Ontology y WordNet, que espero para entender mejor en qué berenjenales puedo meter y en cuales no, para definir una muestra que, en parte me temo se resume en la definición de un objeto de estudio.