3.6.09

SÉ LO QUE HICISTE EN TU ÚLTIMO DOCTORADO: INNOVA O MUERE

Como vuelva a ver la palabra "innovación" en el título de algún congreso, presentación o lo que sea, pego a alguien. Me encanta esto de que, como hay crisis, todos tenemos que arremangarnos y ponernos a innovar, a emprender. Me encanta emprender cosas, pero, ¿cómo?, ¿así, a pelo?

Siempre me he preguntado cómo convertir mis intereses en algo útil. En otras palabras, cómo ganarme la vida con lo que creo o se supone que sé hacer. Por el camino se ha cruzado la dichosa innovación, y yo lo único que he hecho hasta ahora es echarme a temblar.


La pregunta inicial venía a ser algo así:

"¿Cómo convertir tu trabajo en un producto sin que se te vaya de las manos y acabes gritando por la ventana a altas horas de la noche que te has convertido en una puta, como John Cusack en Balas sobre Broadway?"

Ahora parece que estamos en la época de "menos es más", y la pregunta se reduciría a:


"¿Cómo ser innovador?"


Mis dos aportaciones a la innovación hasta la fecha han sido:


1) Cuando tenía trece años se me ocurrió una campaña de publicidad en carteles con una pareja semidesnuda, pero con los vaqueros puestos (y ni siquiera se me ocurrió, no era más que la traducción al papel de algo que había visto en televisión). Vaqueros y sexo, ¿qué más se puede pedir? Pero al poco me enteré de que una campaña idéntica gentileza de Calvin Klein acababa de hacer famosa a Kate Moss.
Great minds think alike? Think again...

2) Cuando tenía veintidós años pasé olímpicamente de hacer un trabajo final de licenciatura sobre cine y me dediqué a analizar el "relato interactivo", o sea, cosas que se hacían con ordenadores y pretendían contar historias. Aquello me dio algo de dinero y a mi primer hijo (o sea, mi libro).


¿Y ahora con treinta qué?


Ahora pretendo escribir un trabajo sobre la historia reciente de la mímesis ( o los proyectos/intentos de oposición a ella) hasta llegar a la creación por ordenador. Mis preguntas, a raíz de la aparición de iniciativas como la
Fundació Digitalent, son:

¿Cómo se comunicaría mi proyecto en una presentación de
Pecha Kucha?

¿Cómo representarla a través de objetos tangibles y vendibles? (
¿Es un pájaro, es un hardware, es un avión?... ¡no, es un investigación de chiquicientas páginas!)

¿Cómo conseguir que no quede aprisionada en los muros académicos hasta que se marchite y ceda a la presión incesante de analizar videojuegos?


Si esto no es ser la persona equivocada, que venga Dios y lo vea.


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UNA DE MÚLTIPLES LECTURAS PRIMAVERALES: THE RADICANT

Últimamente no sé si soy persona, pero de lo que sí estoy segura es de que soy cuatro ojos, porque llevo un par de meses leyendo sin parar para poder cumplir con el plazo de entrega de mi dichosa tesina. En eso estoy, pero entre lectura recomendada y lectura recomendada, me tomo algún que otro aperitivo entre horas, del que no pretendo más que hacer un sucinto comentario (para lo demás, confío en los auténticos teóricos de arte).

De Londres me traje, ropa, té, y un ejemplar de
The Radicant, el último ensayo de Nicolas Bourriaud pensado para durar uno o dos años a modo de reconfortante baño de espuma. No quiero parecer demasiado sarcástica: Bourriaud sabe reconvertirse cuando corresponde en el epítome de lo cool igual que Angelina Jolie sabe mantenerse bellísima y en el candelero. Y eso no quita que Jolie siga siendo bellísima, ¿verdad?

Tengo la impresión de que Bourriaud es sumamente astuto, no sólo por lo aparente, que es manejar ciertos conceptos de teoría crítica en el contexto contemporáneo, sino por apropiarse sin indagar mucho en conceptos trabajados y sudados desde la cibernética. En este último caso, el autor propone un modelo de "altermodernidad" donde el artista, lejos de arraigarse, devenga un ¿"radicante"?, es decir, alguien capaz de ir extendiendo sus raíces y retroalimentándose de su(s) pasado(s), presente(s) y futuro(s).


En otras palabras, Bourriaud propone que el artista devenga hipertexto. Me parece muy encomiable (y de verdad no estoy siendo sarcástica) que alguien sea capaz de sacar el vocabulario de la teoría digital de su caparazón e introducirlo en un caparazón entreabierto, o al menos más grande. Tampoco pretende trascender más allá de cierto espíritu de contemporaneidad entendida como
coolhunting.

Siempre me entretiene leer sus libros, y la editorial anglosajona que publica The radicant posee un gusto visual excelente e incluso
ofrece las primeras páginas de la obra. Pero yo me pregunto, porque al parecer soy una persona conservadora que no tuvo el coraje o la inteligencia o la fuerza de voluntad (y desde luego no el presupuesto) para irse a estudiar un máster fuera y quedarse allí a ver si triunfaba, si escribir libros en habitaciones de hotel y declararse en permanente desarraigo para volver a arraigarse una y otra vez quebrándose la espalda con las manos agarrotadas en el portátil es realmente un estilo de vida envidiable y casa con una idea de decrecimiento que con la que, al menos en parte, no puedo evitar comulgar. Pero ya se sabe, igual peco de susceptible y celosa y con ir radicando ante la pantalla del sobremesa ya tenemos más que suficiente.

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MÁS HUMANOS QUE LOS HUMANOS

Quiero concluir con una anécdota: esta mañana he pasado por una conocida cadena de bocadillos para comprarme, en fin, medio bocadillo, y ahí estaba otra vez: la enésima pantalla con imágenes hiperrealistas de un bocadillo moviéndose y desapareciendo a cámara lenta.

La he visto anteriormente (no vendiendo bocadillos, pero sí cualquier otra cosa): la pantalla brillante en el lugar más insospechado (hace cosa de un par de años ya le dediqué un preocupado comentario).
El tema no sólo sirve para el análisis recurrente más o menos informal o académico, sino que vuelve a estar vigente ahora que con la TDT debemos deshacernos de nuestro viejo televisor, y por qué otro aparato sustituirlo.


Me hace gracias que en
Convergence culture Henry Jenkins comenta que la esperada convergencia de aparatos no se ha producido, porque ahora más que nunca tiene la casa llena de "cajas negras". Suscribo esa idea. Por muchas horas que pase delante del ordenador, no es cómodo ver otras tantas en esa misma pantalla, por lo que hace un tiempo compré un disco externo multimedia.

La pregunta nueva es: ¿vale la pena invertir en HD? En algún que otro blog tontorrón he leído que la gente tiende a salir más guapa. Están más relucientes. Lo cual me devuelve otra vez a la proliferación de lustrosas pantallas. Pocas cosas debe de haber más frustrantes que la imagen a cámara lenta de un jugoso bocadillo dando vueltas, como si estuviera a punto de salirse de la pantalla, y rendirse incondicionalmente a tus molares. Me pregunto si esta obsesión por la hiperrealidad es lo que cultiva la alta definición, si resultará el colmo de la experiencia inmersiva, o más bien al contrario, si contribuirá a alimentar la punzante sensación baudrillardiana de que todos, bocadillos y gente-que-sale-en-la-tele-y-las-pelis, no son más que replicantes.

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24.5.09

ESCENAS URBANAS: LONDRES

Por ningún motivo en particular no he comentado hasta ahora mi primer viaje a Londres y el tipo de sitios/ elementos de cultura digital que pude presenciar allí. En primer lugar, no era un viaje de "negocios" sino con amigos, así que tampoco es que tuviera la vista especialmente puesta en retratar un determinado contexto profesional en relación a los vínculos entre cultura y tecnología. Y en segundo lugar, ¿cómo se supone que resumes una ciudad en la que pasas cuatro días? A diferencia de Barcelona, Londres es una ciudad de verdad y como tal posee múltiples centros. Así que voy a hablar solamente de un par o tres de aspectos que me llamaron la atención:

- Flechazo institucional. Creo que ya he comentado alguna que otra vez lo que pasa con las cosas que te gustan y no puedes evitarlo, qué sé yo, la gente que te da caña, el chocolate negro con 75% de cacao, las piernas de los jugadores de fútbol... La atracción burguesa hacia los edificios artísticos impecables y ultramodernos es uno de esos elementos. Así que claro, llegué a la Tate Modern como una chavalita babeante a la firma de autógrafos de su grupo musical favorito y me gustó lo que vi: me gustó la turbina, me gustaron los sistemas de navegación de la colección (aunque me inquietó bastante que estuvieran descaradamente patrocinados por Bloomberg), me encantó la terraza de amplias vistas desde la que me imaginaba a Jonathan Rhys-Myers sorbiendo un cóctel afeminado mientras su turbio cerebro planeaba cómo deshacerse de su molesta amante en Match Point...

Y además quedé fascinada por la instalación de Dominique González-Foerster
TH. 2058, que combinaba literas azules y amarillas con literatura distópica encadenada literalmente a ellas, esculturas de y a lo Claes Odenburg y proyecciones en pantalla inmensa que cuando me pasé por allí tuve la suerte de ver encarnadas en Soylent green (hace poco que vi la película y me gustó mucho... me sorprende que la gente no hable más de ella, ya que expone un tema biológico peligrosamente vigente).

De González-Foerster lo máximo que sé es que Nicolas Bourriaud parece estar enamorado de su trabajo porque habla de él en todos sus libros. Además, en esta ocasión, me ha dado por pensar que no he prestado suficiente atención a que instalaciones multimedios como las de esta artista deberían considerarse precursoras-contemporáneas del arte digital... de ese arte que, a veces, con la pantallita chiquitita y el sistema de navegación actual no acaba de cuajar, de "brillar". Quizás Microsoft Surface tenga razón y el único modo de hacer arte que apele a todos los sentidos sea utilizando plataformas "propietarias"... espero que no.


Por otra parte, la Tate Modern acoge todos esos simposios a los que me gustaría asistir. Pocos días después de mi visita se celebraba
Expanded Cinema Activating the Space of Reception, que a mí me da (igual me equivoco, pero estoy en proceso de comprobarlo) que me otorgaría el 20-25% de las claves conceptuales de mi tesis. Por suerte, algunas mentes brillantes y generosas decidieron que todos los eventos del lugar se colgarían en la red. Ardo en deseos de ver éste.

- Pequeños grandes proyectos. Antes de salir de viaje un amigo me puso en contacto con Mark Garrett de la organización
Furtherfield, que según ellos mismos escriben ofrece plataformas para crear, ver, debatir y aprender sobre prácticas experimentales en relación al arte y la tecnología. Además de Futherfield, que ejerce de archivo con críticas sobre nuevos medios, cuentan con la galería HTTP, que tuve ocasión de visitar.

Tras salir del metro en el norte de la ciudad, recorrer un barrio que recordaba al Felipe II de Barcelona pero fotocopiado en múltiples calles y toparme con unos solares y una excavadora, me encontré con una especie de almacén donde una gente tomaba té y pasteles. Aunque mi nivel de extroversión no es a prueba de bombas, sí consigo ponerme en contacto con la gente del lugar donde visito y presentarme en los eventos de los que me avisan aunque me miren como si viniera de Marte. En realidad es una costumbre que recomiendo a todo el mundo: una vez pasada la vergüenza inicial, conoces gente y si son personas normales suele hacerles gracia que te pongas en contacto con ellos (¿cómo no? Imagínate que alguien visita tu ciudad y te escribe educadamente para decirte: "¿Podemos conocernos?". A mí me hace ilusión...).

Marc Garret y su gente me atendieron muy afables y me enseñaron lo que es la galería: un despacho donde ellos trabajan y una sala de exposición pequeñita donde se presentaba el trabajo conectado de Doron Golan y Michael Szpakowski Whereof one cannot speak, thereof one must be silent, experimentación en imagen digital como vídeo y sonido (la propia Furtherfield ofrece un ensayo a este respecto que puede arrojar más luz que mi mera mención). Me sorprendió el contexto de barrio Felipe II, me sorprendió la presencia de excavadoras porque según Garret se han reubicado en un nuevo "distrito creativo" (léase también: más barato) donde en el futuro van a convivir con diseñadores y otros profesionales culturales. Y me sorprendió la modestia del lugar. A veces tienes la impresión de que todo lo anglosajón occidental es desmesurado, es carne de Tate o sencillamente "no es".

En realidad, la visita a HTTP se asemejó más a una tarde de Dorkbot que a otra cosa, pero si se me permite la maldad, estos todavía se consideran más artistas que ingenieros. Como hace años que ojeo Furtherfield y me intereso por sus artículos, ahora me gustaría recontextualizar las repercusiones de su práctica artística: en Londres, en las comunidades anglosajonas, en línea... me pregunto si tendrán su nicho, si serán un buen ejemplo de la "larga cola", si son la alternativa necesaria a los centros de arte Juan Palomo...

- Y por último, aparcando la cuestión artística, la ciudad me pareció muy movida e interesante, pero no, dudo que pudiera vivir en ella. Aparte de que tengo tolerancia cero a cualquier clima frío y lluvioso (aunque el bochorno veraniego barcelonés tampoco lo sobrellevo, todo hay que decirlo), me dio un poco de inquietud la proliferación de propaganda del miedo que había en los transportes públicos: llama a la policía si sospechas de terrorismo, llama si te violan, llama si a tu amigo le hacen algo chungo, como te pillemos comiendo llamamos a la policía, etc...


Curiosamente (o no), la gente de los servicios es muy amable y me tocó un tiempo fantástico, pero hasta el último momento no desapareció la ligera punzada: en el funicular poco iluminado que nos llevaba a la terminal de vuelta a casa, British Airways había insertado una narrativa sonora que intentaba meterse en tu mente y en tus fantasías vacacionales... que según parece sólo puede realizar esta compañía aérea. Ya sé que muchos protestarán que Barcelona es un nido de víboras burguesas y mentiras especulativas, pero que quieres que te diga: al menos el funicular se mantiene calladito.


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13.5.09

SÉ LO QUE HICISTE EN TU ÚLTIMO DOCTORADO: ELOGIO DE LA LENTITUD

Está claro que últimamente no estoy publicando mucho. El motivo evidente es que estoy absorta en la preparación de la tesina o trabajo de investigación previo a la tesis doctoral. Algo inusitado en mí, paso la mayor parte del día leyendo libros encuadernos en papel, tomando notas con puntafina y pensando cómo volcar luego esas ideas a la pantalla. El habitual tecleo brilla por su ausencia, es decir por su silencio, y me siento rara.

Siempre me he mostrado bastante reacia a la Academia. Mejor dicho, siempre he mostrado una actitud muy contradictoria hacia la Academia: por un lado, siempre he mostrado un afán obsesivo por aprendre cosas, pero siempre he recelado de la institución académica universitaria.


Aprendí cosas en la Universidad (sobre todo empiezo a notarlo ahora), pero nunca he entendido por qué es tan incompatible con la vida profesional, cómo c--- esperan que una persona viva e investigue con una beca (o, en la mayoría de los casos, sin ella), y por qué tendríamos todos que ajustarnos al pie de la letra a grupos de investigación preestablecidos que ni nos van ni nos vienen, y a los que, por tanto, poco podremos aportar salvo una renovada reafirmación del status quo (y para eso, casi me resulta más apecetible trabajar en una empresa, que parece menos hipócrita).


No obstante, últimamente me parece que estoy un poco más reconciliada con la Academia (y no necesariamente gracias a ella, pero sí debido a su existencia). Evidentemente por un lado este el tercer semestre que imparto docencia (virtual, pero docencia al fin y al cabo), y eso me obliga a preparar el programa, estructurarme, lo cual es muy (pero que muy bueno). Por otro, como he dicho antes, ahora me paso el día leyendo en papel. Y la verdad es que un alivio.
Soy de esa clase de personas que tienen siete u ocho ventanas abiertas a la vez, hacen cualquier cosa delante del ordenador entre doce y catorce horas al día (con pausas y comidas, se entiende), mantiene cuatro cuentas de correo, consulta unas treinta listas de información y juguetea más o menos con las redes sociales.

Así que claro, resulta evidente por qué retrotraerse al papel me resulte el equivalente seco de un jacuzzi. Pero es que además hay otra cosa: a través del papel, y de las notas que tomo y que tardo bastante en redactar en el procesador de textos, el Tetris está empezando a encajar. La experiencia me está demostrando que más me habría valido cursar una licenciatura y un posgrado ahora para que las cosas "empezaran a ponerse en su sitio". Han sido años de desdén, incomprensión y vacío por mi parte. Ahora creo que puedo empezar a mirar "con ojos de mirar".


Puede que la Academia no sea ninguna panacea, pero me alegra de que la presión a la que me somete me haga darme cuenta de algo que tiendo a echar de menos: el paso del tiempo.


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27.4.09

SÉ LO QUE HICISTE EN TU ÚLTIMO DOCTORADO: NARRATIVA DIGITAL, O CÓMO LLAMAR A LAS COSAS POR SU NOMBRE

Ha llegado el momento de la verdad. O casi. Después de casi dos años de trabajar (o no trabajar) en otras cosas, se aproxima la fecha límite de entrega de mi trabajo de investigación del doctorado, antesala de la tesis.

Para este trabajo me han ofrecido dos alternativas: la primera es un planteamiento de tesis, como un esqueleto de todo lo que la tesis sería, y el segundo un trabajo de investigación íntegro, con planteamiento, nudo y desenlace. Obviamente he optado por la primera vez, que además gana en utilidad e interés.


Pero, ¿de qué estamos hablando?

Título
: In illo tempore

Subtítulo: investigación interdisciplinar sobre los orígenes de la narrativa digital entendida como la intersección de los lenguajes literario y audiovisuales pasados por el tamiz informático es decir

Hipótesis principal
: la narrativa digital no es sólo el resultado de la diseminación informática en la vida cotidiana, ni de la preminencia de Internet, sino que tales rasgos se ven alimentados por manifestaciones preexistentes que ya experimentaban con rasgos como la fragmentación, la ruptura de la linealidad o incluso la transgresión diegética que el soporte informático no ha hecho más que ampliar. para llegar a definir un determinado

Objeto de estudio
: la narrativa digital.

Esta definición se verá probablemente perfilada tras la finalización de
In illo tempore. Sin embargo, considero que mis antecedentes de

ensayo (Tempus Fugit el libro, artículo Tres rutes de net art espanyol pels boscos narratius)

organización de congresos
(V Jornades de Arte y Cultura Multimedia Metanarratives en 2005)

conferencias
(en el Espacio Fundació Telefónica de Buenos Aires y en la Fundación Joan i Pilar Miró de Mallorca)

presentación de proyectos (en el itinerario narrativo de la revista A Mínima, para las jornadas NOW de noviembre 2006)

talleres (Afinidades electivas: o por qué algunas de mis obras favoritas son narrativas en el marco del festival Kosmópolis-Fiesta Internacional de la Literatura)

y este mismo blog
, bajo la etiqueta "narrativa digital"

pueden legimitar que ofrezca una definición tentativa del objeto de estudio para empezar a acotar el campo (o campos) de investigación:


conjunto de obras digitales (elaboradas, manipuladas y difundidas a través de sistemas informáticos basados en código binario)

narrativas (que participan de aspectos narrativos, tanto en su secuencialidad o 'narrativa' como en la aportación de elementos de ficción o 'narración'),

sobre todo aquellas obras que se estructuran en función de la interfaz informática y explotan rasgos como la fragmentación, el acceso no lineal y la interactividad

como por ejemplo la literatura digital, el vídeo en línea (digital, no digitalizado de soportes analógicos) o muchos (que no todos) los videojuegos

¿Qué incluye esta definición preliminar?
Todas aquellas obras digitales
Todas aquellas obras multimedia (puesto que todas las obras multimedia son digitales)

Todas aquellas obras digitales con elementos narrativos, independientemente de los grados de secuencialidad y ficción que presenten


¿Qué excluye?
Todas aquellas obras digitalizadas (es decir, la idea del ordenador como mero archivo, pese a que hay que admitir que muchas obras digitales actuales aprovechen materiales previos, pero su concepción es enteramente digital)

¿Qué zonas grises contempla?

En realidad, muchas...

¿Es realmente significativo estudiar las obras en línea por contraposición a las que no lo están,o anecdótico?

¿Qué ocurre con las obras digitales que no imitan tanto la interfaz informática, es decir, aquellas en las que se percibe más el poso de los lenguajes anteriores?
¿Debe trazarse una línea?

Si crees que estos rasgos pertenecen a lenguajes anteriores, ¿es acertado establecer una distinción conceptual entre obras digitales y las que no lo son?

¿Cuáles son los límites para considerar una obra narrativa?

¿Cuando dices "rasgos como...", quieres decir que puede haber más, o que pueden ser otros? Ese es uno de los quides (o quebraderos de cabeza) de la cuestión...


Sé que estos interrogantes no pueden suscitar ni de lejos una enésima parte del interés de cualquier capítulo de
Perdidos. No hay tal misterio que desentrañar en el sentido de que las ciencias humanas, sociales, o como quieras llamarlas, no pueden validar sus hipótesis científicamente. Lo que propongo es un camino de interpretación. Pero espero haberme encarrillado lo suficiente para llevarlo a puerto, académicamente hablando, al menos.

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5.4.09

MEDITACIONES EN UNA (SUPUESTA) CATÁSTROFE: ARCO 2009

Cada año me salto todo el protocolo periodídistico de velocidad e inmediatez y suelo publicar una crónica de la feria de arte contemporáneo ARCO en el medio digital. En esta ocasión, igual que sucedió hace unos meses con ARS ELECTRONICA, publico mi crónica en NewMediaFix, una revista en línea que combina noticias sobre arte digital y nuevos medios en general con críticas, comentarios, etc en inglés, castellano e italiano (los idiomas de su diverso plantel de colaboradores).

Por mi parte, ofrezco en
Meditaciones en una (supuesta) catástrofe el típico texto raqueliano que combina alusiones a la crisis con intentos de comentarios mordaces de lo que es una feria de arte y referencias a obras más o menos digitales que han circulado por Madrid en general y ARCO en particular. Como siempre, no sé si los lectores sentirán que se han informado mucho tras leer mi valoración, pero espero que al menos puedan pasar un buen rato: digamos que tengo mis reservas antes de lanzarme de cabeza al melodrama, y el mundo del arte constituye un perfecto ejemplo de complejísimo sistema económico que lagrimea a la mínima de cambio.

Me gustaría aprovechar la oportunidad que me concede esta entrada para hablar un poco sobre los contenidos que se ofrecen en NewMediaFix (NMF): coincido en el tiempo en la publicación de este comentario sobre ARCO con la crónica que hace el editor principal de la publicación, Eduardo Navas, sobre su reciente estancia en El Salvador invitado por el Centro Cultural de España. Éste es probablemente uno de los motivos por los que más me ha interesado NMF: siempre consiguen hablar de cuestiones de arte digital y contemporáneo actuales, pero con enfoques inesperados (la crónica es un recurso habitual), o autores poco conocidos pero que merecen toda nuestra atención (estoy pensando en Avi Rosen o Jeremy Hight al escribir esto).

NMF es el derivado natural de una publicación denominada
NetArtReview (el por qué se ha pasado de hablarse de net art a new media no creo que necesite justificación). NetArtReview interrumpió su actividad en 2005, pero se conserva como archivo: en cualquier caso, en ambas publicaciones he disfrutado siempre del espíritu de vincular la valoración personal a temas globales y de la oportunidad de descubrir voces alternativas a los hegemónicos discursos de los grandes nombres de los festivales.

Sé que este tipo de proyectos no responden al frenesí ultramoderno de la estética 2.0. , donde los fondos blancos y los coquetos vídeos de Vimeo pueden conseguir que babeemos sin fijarnos especialmente en el contenido, pero, ¿y qué? Me gusta creer que todavía somos animalillos verbales que necesitamos tomarnos nuestro tiempo para escribir sobre lo que nos interesa.


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25.3.09

JUEGOS DE FICCIÓN

Ya he tenido ocasión de asistir a varias de las charlas de Por la Vena. Como comenté anteriormente, el plan consiste en invitar a un artista, joven y más bien conceptual, y presentar su trabajo en una librería o centro de arte. Me han interesado muchos de los artistas a los que han traído, y me gustaría comentar algo a propósito de la última conferencia.

Invitaron a
Laure Provost a presentar su trabajo, artista especializada en vídeo y coordinadora de la plataforma de vídeo en línea tank.tv, a la que estoy suscrita desde hace años pero no me miro mucho (no significa nada malo: es una de esas cosas de las que no te quieres borrar porque sabes que en algún momento determinado le prestarás atención, pero no ahora mismo).

Las obras de Provost (que, según parece, presentó una amiga porque la artista no podía asistir, y digo parece porque no me pude quedar hasta el final y no sé si era algún tipo de broma) son vídeos de carácter lúdico donde lo que se muestra no es lo que se dice (en voz en off) o lo que se escribe (en subtítulos). Provost juega con la idea de traducción perversa al utilizar incluso un idioma para la voz y otro para los subtítulos.

El resultado son planteamientos de extrañas historias, donde nos vemos obligados a creernos y al mismot tiempo cuestionarnos que las imágenes que se muestran (fotos, planos fijos, o imágenes en movimiento) realmente remiten al relato oral y escrito que se nos ofrece... y que más bien no cuadra.


Este punto de partida me ha hecho pensar en una entrada que publiqué hace un tiempo sobre un vídeo encargado a Dora García (también presentado en este ciclo de charlas) para una exposición de videojuegos: García lo denominó "juego de vídeo", invirtiendo los términos verbales que englobaban la exposición, pero manteniendo estructuras de selección y fragmentación de discursos.

En el caso de Provost, me atrevería a hablar de juegos de ficción, que para mí vendría a ser algo así como establecer las condiciones de posibilidad para la narración... para luego sabotearlas. Esta idea podría incluir todo el videoarte basada en anécdotas que parecen querer aspirar a ser "conatos de relatos", y un porcentaje de lo que se tiende a calificar de "cine moderno" (en oposición a clásico, posmoderno, etc).

En este caso, el juego se establece en función de las expectativas de ficción generadas, así que, por ejemplo, no diría que David Shrigley, otro artista invitado Por la Vena, se pueda entender en esta categoría: presenta relatos completos, más o menos anecdóticos, pero hay planteamiento, nudo y desenlace (su lenguaje posee el poder lúdico de los dibujos animados, pero no hay un juego narrativo estructural).

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18.3.09

LECTURAS DE CASI CASI PRIMAVERA: CYBERTEXT, PERSPECTIVES ON ERGODIC LITERATURE

Me ha sorprendido gratamente lo fácil y rápido que me ha resultado leerme el famoso libro de Espen Aarseth. Quizás, porque obviamente tendría que leerse antes que Manovich, Murray, Ryan, Juul, etc (aunque, ¿quién dice que no puedes ver una película de Hollywood clásico en tu casa después de ponerte al día con la cartelera?), pero también porque esta obra asume actitudes y discursos con los que no contaba.

Uno de ello es un fuerte espíritu crítico en relación a la academia en general y a la teoría literaria en particular. Muy estimulante, porque como el libro se escribió en 1997 aún no entra al trapo a defender la "ludología" (que para mí es muy "prometedora", pero aún no entiendo en qué se diferencia metodológica e incluso a menudo conceptualmente del análisis del discurso y la semiótica), y porque reparte palos para todos, cosa que siempre me anima:


(...) "A related but reverse problem is the tendency to describe the new text media as radically different from the old, with attributes solely determined by the material technology of the medium. In these analyses, technical innovation is presented as a cause of social improvement and political and intellectual liberation, a historical move away from the old repressive media. This kind of technologixal determinism (the belief that technology is an autonomous force that causes social change) has been refuted eloquently by Langdon Winner (1986), James W. Carey (1988) and otheres but continues, nevertheless, to dominate the discussion" (pág. 14).


Asimismo, las tensiones entre distopias y utopías tecnológicas se desarrollan a fondo en el capítulo 8 "Ruling the Reader: The Politics of Interaction":


"(...) These nonproductive (and nonacademic)campaigns in favor of marginal media or aesthetic forms of expression are pathetic signs of a larger problem: they illustrate only too well the partial and conservative state of the human sciences, in which nothing can be studied that is not already within a field; in which the type rather than the individual qualities of an object determines its value as an accepted member of some canon or other. Where humanistic study used to be genre chauvinistic, it is now medium chauvinistic, organized into empirical fields (literature, art history, theater, mass communication) with not enough concern for general or intermediary perspectives. This "empirical" partitioning is of course unempirical in consequence, since it excludes empirical material that does not belong the sanctioned sectors. Also, the limited view privileged by this sort of specializing tends to produce apologetics disguised as criticism, in an age where the "inherent" quality of literature (or any other previously dominant mode of discourse) is no longer self-evident" (pág. 16).

No parece que hayan pasado 12 años desde esta descarga crítica. Actualmente, los departamentos humanísticos (en los que, según lo que plantea Aarseth, incluyo también a las "ciencias sociales") hacen esfuerzos por adaptarse a las cuestiones tecnológicas. Muchos esfuerzos cobran forma de aparatos: en mi facultad de comunicación (finales de los noventa) teníamos algunas de las mejores máquinas de la época, y acceso a software propietario que se usaba profesionalmente. Me consta que siguen teniendo muchos aparatos, pero yo me he desvinculado totalmente de la práctica. Lo que me interesa ahora es la "mentalidad". ¿Qué haces con lo que no es un libro, una película, o ni siquiera un vídeo? Aarseth cree que hay que superar los formatos, dado que lo digital los iguala. Aarseth cree también que en el ordenador cobran vida las teorías y creaciones más palpables de lo que él denomina cibertextos, o literatura ergódica, es decir

"(...)The concept of cybertext focuses on the mechanical organization of the text, by positing the intricacies of the medium as an integral part of the literary exchane. However, it also centers attention on the consumer, or user, of the text, as a more integrated figure than even reader-response theorists would claim" (pág. 1).

Esta definición puede aplicarse históricamente a muchos textos (como el I Ching o los Caligramas de Apollinaire). Por lo tanto, la cibernética no es sino el último paso de una larga tradición histórica basada en el esfuerzo:

"(...) During the cybertextual process, the user will have effectuated a semiotic sequence, and this selective movement is a work of physical construction that the various concepts of "reading" do not account for. This phenomenon I call ergodic, using a term appropiated from phsysics that derives from the Greek words ergon and hodos, meaning "work" and "path" (ibid).

El receptor/lector/usuario ha de hacer un esfuerzo cognitivo en cualquier situación: la recepción e interpretación de una obra siempre supone un esfuerzo. Pero este esfuerzo se realiza en relación a una estructura lógica, no metafórica:


"(...)The cybertext reader is a player, a gambler; the cybertext is a game-world or word-game; it is possible to explore, get lost, and discover secret paths in these texts, not metaphorically, but through the topological structures of the textual machinery" (pág. 4).

Este planteamiento prefigura la distinción entre lo que es interactivo y lo que no lo es, y de manera más concreta, entre narrativa y juego tal y como los plantea Jesper Juul, recordemos que el subtítulo de su libro más conocido es "videogames between real rules and fictional worlds".
Las ideas de cibertexto se van desgranando en relación a diversos géneros posibles, como la literatura hipertextual (capítulo cuatro), el juego de aventuras (capítulo cinco) o el MUD (capítulo siete). Para los que quieran "regresar al futuro", recomiendo el cinco para formarse un poquito sobre los primeros videojuegos, y el siete para quien esté documentando los antecedentes de Second Life.

Y por último... ¿qué pasa con la dichosa terminología?


Pues no, cibertexto no me gusta. La palabra estuvo de moda cuando estaba de moda el prefijo -ciber (igual que cuando todo era multi-), y ahora resulta terriblemente noventas. Pero quizás lo más problemático sea la palabra "texto". Si una obra multimedia es "cibertextual", ¿todo es texto? Las críticas de Aarseth respecto a los modelos académicos son acertadas, pero me temo que todos seguimos atrapados entre la tensión "textual" y la "semiótica": los profesores de literatura han apostado más por la primera, los de comunicación, por la segunda, y todos, seguimos tremendamente enamorados de la idea de narrativa como sinónimo de sentido, pero nos quedamos cortos para definir una obra que incluye texto, audio, foto, vídeo... y a la que se accede a través del ordenador.
Y por el mismo motivo tampoco apostaría por "literatura ergódica", aunque lo que me consta es que se ha usado muy poco, más bien en círculos filológicos.

Aarseth maneja otros términos, el dueto de aporía (ausencia de posibilidad, "obstáculo") y epifanía ("revelación"), además de los complicados intriga, intrigante, ¿intrigario? (que por motivos evidentes no creo que hayan calado nada) y termina apostando por obras ergódicas de tres tipos: novela, anamórficas (enigmas resolubles) y metamórficas (textos de cambio e imprevisibilidad), pero son demasiadas etiquetas (y demasiado variadas). Por lo que sé, aporía y epifanía, que poseen una trayectoria en los estudios literarios, pueden resultar bastante útiles (quizás porque son bastante vagos), pero el resto no han hecho más que enredar la madeja.


Sí, a mí también me encanta utilizar el latín y el griego para simular conocimiento, pero no es práctico: entiendo que Aarseth utilizó el planteamiento literario para forzar sus límites, por lo que la palabra "literatura" debería acabar cayendo de su pedestal.


¿Para ser sustituida por qué? Ante la imposibilidad de decantarme por un determinado "medio", y ante la necesidad de plantearme cuestiones narrativas, aunque sea a diminuta escala, en un contexto de fragmentación del discurso y juegos interactivos en abundancia, me parece legítimo quedarnos con "narrativa digital" y olvidarnos un rato del cibertexto. No habríamos llegado hasta aquí sin Espen, pero hay que seguir desbrozando.

Véase también
LECTURAS DE SEPTIEMBRE: ESCRITURAS NÓMADES, LECTURAS DE OTOÑO HELADO: ELECTRONIC LITERATURE y LITERATURALIZACIÓN.

(Fuente imagen).