Qué cosas, que veo que hace ya un par de años que no escribo (o mejor dicho, describo) una "escena urbana". Claro que escenas urbanas, desde hace un par de años, ha habido muchas, muchísimas. ¿Cómo no va a haber escenas de todas clases "con la que está cayendo"? Hace uno o dos meses pensé que describiría una escena urbana a propósito de la confraternización entre cualquier planteamiento expositivo barcelonés actual y la cerveza Moritz, pero al final me he retraído. Si Moritz quiere asociar su marca a eventos culturales y las personas tenemos sed y/o necesidad de beber cervezas gratis entre semana, pues mira tú qué bien. El patio está demasiado apaleado, la negatividad de los medios de comunicación es demasiado insidiosa, como para hacer comentarios sarcásticos respecto a una cerveza que sabe rica, sobre todo si no la has pagado tú. Dejemos el sarcasmo cervecero para mejores ocasiones.
Así que voy a recuperar una experiencia sumamente peculiar, de esas en las que me gusta meterme no sé muy bien por qué, supongo que para entrenarme en diversas situaciones sociales, para saber qué piensan los demás, para mirar los toros desde la valla mientras tenga ocasión.... El caso es que sigo con fruición la cuenta de twitter que administran para el Observatorio de la Comunicación Científica de la UPF. No tengo intención de dedicarme a la comunicación científica, pero desde que asistí al Campus Gutenberg he detectado diversos temas que me resultan muy atractivos en la medida en que asimilan ciencia a conocimiento. Es decir, no se habla concretamente de ciencias físicas o ciencias naturales, sino de "filosofía" en el sentido etimológico de la palabra.
Así fue como me pude inscribir en la curiosa EFC Research Forum Stakeholders' Conference, celebrada en Cosmocaixa a principios de febrero. ¿Cómo? Porque aceptaban a miembros de la comunidad universitaria y blogueros en el evento. ¿Para qué? Para saber más sobre la relación entre fundaciones e innovación social. ¿Con qué fin último? Entender cómo se define la innovación en entornos profesionales que mantienen vínculos tanto con lo privado (las fundaciones) como con lo público (los investigadores).
El encuentro reunió a diversos representantes de fundaciones interesados en detectar proyectos de los diversos ámbitos del conocimiento ("ciencias sociales y humanas" incluidos) y a personas que deseaban promocionar y financiar sus proyectos, más bien del ámbito de las ciencias puras. Mi objetivo, pues, en esta ocasión, era observar, callar en la medida de mis posibilidades, y tomar muchas notas mentales sobre el funcionamiento de unos y otros.
Realmente, de innovación social no se habló mucho. Se trataba de otra de esas ocasiones en la que el título de la conferencia era un pretexto de networking, incluso de pitching para los más espabilados. Me pregunto si en la teoría filosofica se denomina ideología a todo aquello que se llama de una manera pero encubre otros elementos. O puede que se llame realidad. Soy demasiado ignorante todavía para etiquetar este curioso fenómeno.
Verdaderamente, algunas fundaciones y proyectos tuvieron ocasión de lucirse cuando sus premisas eran potentes. En el primer caso, brilló como mecenas y conferenciante el secretario general de VolkswagenStiftung, Wilhelm Krull. Como en otros casos presentados, esta fundación de Volkswagen otorga dinero en múltiples disciplinas, incluyendo las humanísticas, tiene capital y base alemana y funciona especialmente bien para proyectos postdoctorales. Si existe la posibilidad de que una persona, o grupo de personas mediterráneas y acostumbradas a los recortes presupuestarios y a la precariedad como apellido puedan beneficiarse de ayudas como estas es algo que aún se me escapa totalmente, pero desde luego te hace reflexionar sobre las posibles "brechas académicas" y sobre la conveniencia de haber estudiado alemán.
Uno de los beneficiarios habituales de ésta y otras fundaciones es el Max Planck Institute for the History of Science, que en la conferencia estuvo representado por el profesor Jürgen Renn. Los proyectos presentados por Renn muestran, a mi entender, lo que se puede entender como "investigación interdisciplinar" así como "análisis de la contemporaneidad". Aún estoy lavando el babero que tuve que ponerme al saber de proyectos como:
- European Cultural Heritage Online (ECHO). Es una red de investigación europea cuyos partners vuelcan contenidos en los ámbitos históricos de humanidades y ciencias sociales. Contiene un repositorio revisado por pares, supone participación modular con herramientas XML, y cuenta con una representación española simbólica hasta la fecha).
- Diversas exposiciones virtuales, entre las que destaca el recorrido cartográfico y visual por Pratolino
- Ediciones open-access y on-demand del propio instituto Max Planck.
- Enfoque de análisis de la historia del conocimiento como "historia de la globalización de la innnovación"
Claro que me imagino todo lo que se puede replicar a estas iniciativas:
- "Nosotros no tenemos dinero".
- "Nos dedicamoso a sobrevivir con lo que tenemos".
- "No sabemos alemán".
- "Son iniciativas privadas (neo)liberales".
- "Nosotros no pintamos nada en reuniones como esta, que son el Juan Palomo de la financiación privada".
Y todas las réplicas son justas. Qué sabré yo de los sistemas de financiación postdoctoral, del contexto empresarial y académico alemán y de los siempre siempre oscuros intereses que se ocultan detrás de este tipo de cosas. A fin de cuentas, es probable que esta conferencia se organizara en Barcelona porque hace muy buen tiempo, porque Cosmocaixa es bonito, y hay que tener muy en cuenta que La Caixa tienen sus planes e intereses sin contar con un sistema universitario español público poco menos que agonizante, a juzgar por el catastrofismo con que lo aborda toda la prensa nacional y local en los últimos meses (de manera que, sin faltar a la verdad, sofoca también el ánimo y el espíritu combativo con sus machaconas letanías apocalípticas).
¿Pero algo habrá que hacer, no?
Aprender más sobre la financiación privada.
Tener más amigos que hablen alemán.
Tomarse muy en serio lo de tener un nivel altísimo de inglés y utilizarlo culturalmente. ¿Cómo trabajamos unos y otros?
Pensar proyectos globales, aunque el marco de actuación sea o acabe siendo el aula en la que trabajas. ¿Y si comparto este recurso con los estudiantes? ¿Tan grave es que lo hayan hecho otros que sí tienen dinero? ¿Yo tengo la capacidad de difundirlo, no? Yo puedo leerlo y entenderlo y compatirlo y generar algo a escala diminuta, si tengo oportunidad. Falta de medios no tiene que ser sinónimo de autolobotomía, a mi entender.
Estas y otras disquisiciones poblaron mi mente entre esqueletos de dinosaurios, hábitats recreados, caterings de croquetas de setas y pan con tomate servido como un manjar entre señores y señoras altos y vestidos de sobrio negro y rojo, y siguen poblándolo cuando se han ido con la música a otra parte, a reunirse en ciudades ricas con climas perversos que de momento parecen haberse salvado del naufragio. A fin de cuentas, todos somos stakeholders o partes interesadas en que nuestro mundo sobreviva, aunque en principio ese mundo no pinte nada en el mapa de los geointereses.





